Carles Brugada

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Nuestra privacidad: Algo secundario

Hoy en día no nos tomamos en serio nuestra privacidad y en consecuencia, nuestros menores tampoco.

Antiguamente, no solo las empresas se tomaban en serio la intimidad de sus datos, los particulares también estaban concienciados de la importancia que tenía no constar en un registro de dominio público, que les hacía exponerse a cualquier malhechor que estuviese al acecho.

Hoy en día esto ha cambiado. En el afán de conseguir cosas sin pagar hemos renunciado a nuestra intimidad. Decimos nuestros nombres y edad a cualquier desconocido en un chat, damos nuestro número de móvil a cualquier empresa para participar en sorteos amañados y nos registramos en cualquier comunidad dando nuestro e-mail. Pero, ¿hasta qué punto es gratis?

Las empresas nos ofrecen recompensas por nuestro e-mail o número de teléfono. ¿A cambio de qué? ¿Gratis? En nuestra sociedad no hay nada gratis.

Google, a cambio de sus servicios, utiliza tus preferencias o tus datos (edad, sexo y localización) para mostrarte publicidad a “tu medida”. Facebook hace lo mismo. Los navegadores, los cuales no pagas nada por utilizar, y páginas web por dónde navegas, rastrean la información de tu equipo para obtener esos mismos datos sin tu consentimiento.

Gracias a eso, los webmaster podemos saber que alguien se conecta desde , sin hacer ningún esfuerzo.

Nosotros lo hemos aceptado gradualmente, hemos visto como esta práctica se volvía más y más frecuente poco a poco, hasta volverse parte de nuestras vidas en la red, dejando nuestra privacidad como algo banal y sin importancia. Las nuevas generaciones en cambio, crecen con la sensación de tratarse de algo habitual, pues nos estamos amansando frente a estos ataques a nuestra intimidad.
Carles Brugada
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