Carles Brugada

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La evolución de los compresores

Antiguamente los equipos informáticos disponían de muy poca capacidad de almacenamiento de datos, por ello era imprescindible comprimir los datos, para que ocuparan menos espacio, en detrenimiento de la velocidad de acceso a los mismo. Hoy en día esto ya no tiene sentido, aun así cada vez hay nuevos y mejores compresores en el mercado.

La informática es relativamente nueva, pero avanza muy deprisa, por lo que no vale quedarse atrás. Los compresores son un buen ejemplo de ello.

Aunque ya no es imprescindible comprimir datos en el disco, puesto que los discos duros son cada vez de mayor capacidad (y su precio en cambio se mantiene), algunos sistemas operativos siguen comprimiendo los ficheros que no se utilizan con demasiada frecuencia. Esto no es más que una reminiscencia del pasado.

Un ejemplo de compresor a la altura de nuestros tiempos es 7zip, un programa OpenSource (gratuito y de código abierto) que implementa la mayoría de algoritmos de compresión sin pérdida existentes en la actualidad. Pero seguimos sin exprimir sus capacidades. ¿Por qué?

Parece ser más una cuestión de comodidad que otra cosa. Si comprimes un fichero, para acceder a él tienes que descomprimirlo, y aunque el software lo hace automáticamente, el proceso es más lento.
La compresión cobra sentido al mover/copiar ficheros que funcionan juntos. ¿Cómo agrupar unos ficheros y moverlos cómodamente?

Ahora mismo tienes dos opciones, una carpeta o un paquete comprimido. Pero, ¿qué sucede cuando quieres enviar una carpeta por correo? Tienes que adjuntar todos los ficheros, uno a uno. Y si el fichero es mayor al tamaño máximo permitido por el proveedor de correo, no puedes enviarlo. Con los compresores, a parte de agrupar, puedes fraccionar el paquete en trozos de un determinado tamaño, para poder rodear estas pequeñas complicaciones.

Entonces, si sólo es para agrupar ficheros ¿por qué se sigue desarrollando la tecnología de compresión? Los algoritmos de compresión son cada vez más eficientes y nosotros cada vez comprimimos menos para ahorrar espacio, esto es cierto, pero sigue habiendo un campo dónde aun se valora el volumen de datos: las comunicaciones.

Hoy en día, y sobretodo en España, las velocidades de conexión son paupérrimas, en comparación al volumen de datos que solemos manejar. Es en este campo dónde la compresión cobra sentido en la actualidad. Hoy en día casi todos los paquetes de datos que viajan por la red van comprimidos, incluidas las páginas web, y el propio navegador se encarga de descomprimir los datos.
Carles Brugada
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